La necesidad de la supervisión ha sido resaltada por autores y autoras como A. Bauleo, M. Cucco y L.Grinberg, quienes han hecho de este proceso de aprendizaje profesional cooperado, una práctica sistemática que desdice un imaginario social que asocia a este proceso con control, vivido a veces como persecutorio y, por tanto, indeseable.
La labor profesional supervisada abre un espacio de cuidado para el equipo de coordinación en el que se contienen y elaboran sus ansiedades, y se pueden resolver problemas y conflictos que surgen durante el desempeño de su rol, al mismo tiempo que se vela por el rigor teórico y metodológico de intervención psicosocial.
Mi propia experiencia como participante en tareas de supervisión y la de otros y otras profesionales con los que he compartido el beneficio de esta buena práctica, me permite plantear que este espacio promueve el desarrollo y crecimiento saludable de quienes coordinan grupos.

