¿Qué me llevo en la maleta?

A propósito de:

El verano llegó y con él las vacaciones, los viajes, los encuentros diferentes…Iniciamos esta serie de Lecturas para el verano con un relato breve: “¿Qué me llevo en la maleta?”.
Y ¿tú? ¿qué te llevas en la maleta?

Marina mira ilusionada la maleta vacía, dispuesta a llenarla con los enseres que necesitará las dos próximas semanas. Lleva mucho tiempo esperando este momento. El bañador, ropa fresca para las calurosas tardes de verano en la costa, el neceser, mascarillas suficientes para toda la estancia… ¿dónde ha dejado la PCR negativa que le requieren para entrar en la isla? “¡Ah sí! La tengo descargada en el móvil, y tengo en el bolso la fotocopia, por si acaso. Esto es un lío de protocolos y normas que cambian de minuto en minuto”.

Todavía resuena en su mente la acalorada discusión que se produjo en su grupo de amigos cuando les dijo que se marchaba de vacaciones. Marina se congratula de ser parte de un grupo variopinto al que le gusta debatir sobre lo que ocurre en el mundo. Hubo opiniones de todo tipo. ¡Claro que ella no es de las que piensa que con la vacuna está todo solucionado! ¡ni que fuera una dosis de inmortalidad! Sabe que la vacuna la protege de formas graves, pero que puede ser contagiada y contagiar, sabe de la importancia de frenar la transmisión del virus y lo necesario que es el cuidado colectivo. “Me voy de vacaciones, pero eso de elegir entre “salir o no salir”, “economía o salud”… me suena a trampa… ¿O es que no se pueden pensar las cosas de otra manera?”.

“Lo cierto es que necesito descansar. No quiero saber nada de aglomeraciones”, piensa mientras acomoda la toalla al lado de la ropa de playa. Recuerda las palabras de Pedro, tan sensato, diciéndoles que seguimos en pandemia, que muchas cosas han cambiado y que es necesario adaptarse a ello, que es un proceso, que no podemos hacer lo que hacíamos hace dos años. “Creo que lo llamó duelo social” recuerda vagamente.

Toma del armario las dos últimas camisetas, a la vez que reflexiona que son tiempos extraños, que hay una incertidumbre generalizada. No está segura de haberlo entendido del todo, pero Luisa defendía que, aunque no sepamos qué depara el futuro, y eso genere estupor y zozobra, es bueno que hablemos de estas cosas. Las vacaciones serán un buen momento para repensar los proyectos, ¡tantos no han podido ser! “Creo que, cuando llegue, me voy a comprar un cuadernito para apuntar lo que se me ocurra, me vendrá bien para afrontar los nuevos retos”, piensa resolutiva.

“¡Vaya! ¡Qué rápido he terminado!” se dice a sí misma entre divertida y sorprendida. Casi sin darse cuenta, entre prenda y prenda, ha metido un par de consideraciones, tres o cuatro reflexiones y un puñado de ilusiones. “¡Cuántas cosas me llevo en este viaje!”.

Susana Martínez.
Brigada Educativa ProCC.

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